Templo
y Comunidad

Arquitectura
La Casa de Adoración Bahá’í de Sudamérica fue construida con el esfuerzo mancomunado de la comunidad bahá’í mundial y es el resultado de la estrecha colaboración entre diversas instituciones, profesionales y voluntarios alrededor del mundo por más de una década.

El proceso creativo del diseño del Templo Bahá’í de Sudamérica se inspiró en un texto de Bahá’u’lláh, Fundador de la Fe Bahá’í, en donde describe lo que sucede cuando permitimos que la luz de lo divino impregne nuestros corazones. Él utiliza la metáfora de una casa que es ocupada por su legítimo dueño. Cuando eso sucede “todos los pilares de la morada brillan con Su luz”.


Esta imagen de una morada hecha de luz fue el punto de partida para la oficina de arquitectura canadiense Hariri Pontarini Architects,  llevando al equipo dirigido por Siamak Hariri a imaginar un edificio translúcido en el cual durante el día el interior del Templo recibe luz natural, y durante la noche emite hacia el exterior un resplandor suave y cálido.

Para traer a la realidad este diseño los materiales debían cumplir no sólo con la cualidad de ser translúcidos, sino que, además, considerar la realidad de su emplazamiento en la ciudad de Santiago. Luego de una ardua búsqueda, se localizó una cantera en Portugal cuyo mármol demostró ser ideal para revestir todas las paredes interiores del Templo. Para el revestimiento exterior, un artesano canadiense desarrolló planchas hechas de vidrio borosilicatado fundido, material que resiste temperaturas extremas sin resquebrajarse.

Los jardines que rodean el Templo proyectan hacia el exterior los movimientos del edificio principal. Su diseño e implementación estuvo a cargo del destacado paisajista chileno Juan Grimm, quien usa como insumo principal las especies nativas, y crea un ambiente donde la aproximación al Templo puede darse desde diferentes ángulos, respetando el ritmo de cada persona, y ofreciendo una vista panorámica privilegiada de la ciudad de Santiago y de la precordillera.